La dalia negra
Hay veces que una novela puede ser muy interesante, pero llevada a pantalla no tiene el mismo efecto. Un producto de calidad del que se esperaba mucho más.
Hay veces que una novela puede ser muy interesante, pero llevada a pantalla no tiene el mismo efecto. Un producto de calidad del que se esperaba mucho más.
Otra de esas adaptaciones de películas de los años setenta que resulta ser peor que la original, con más medios pero con menos ideas.
Espero que se conformen con el buen resultado de taquilla, porque a nivel cinematográfico, la producción española más esperada del año se ha quedado en una especie de trailer de dos horas y media.
Empiezo a no digerir correctamente la carga de moralina implícita que llevan este tipo de producciones. Para saber lo necios que somos y el origen de todos los males de este planeta no tengo que ir al cine.
Siempre me he negado a aceptar la ecuación, universalmente aceptada, según la cual el buen cine es igual a la suma de los recitales de los protagonistas
Comedia más de usar y tirar, de esas que los maridos consorte aguantamos en el cine, y las mujeres se alegran al contemplar lo que ocurre en pantalla.
Guión bastante mal rematado, que abre caminos que no cierra, presenta personajes que no aportan nada y que deja en la más absoluta indefinición a otros.
Toro se lo monta muy bien para que una legión de incautos valoren positivamente su película, pero El Laberinto del Fauno no es más que un telefilme que sueña con ser una obra de arte.
Me siento un bicho raro entre tanta excelencia, pero me arriesgo a decir, con sinceridad y respeto al resto de críticas, que esta película me ha decepcionado bastante, a riesgo de tener que abandonar el país, y vivir en la clandestinidad.
Historia aburrida y previsible que nos salpica con continuos flashbacks y acciones paralelas, mientras el metraje avanza de manera soporífera.
Robert Altman, en Pret a porter, no hace Cine: hace una película donde salen Sofía Loren, Julia Roberts, Kim Basinger, Marcello Mastroianni, Tim Robbins o Stephen Rea y donde un cohorte celestial de maniquíes de peso lucen palmito.
Con un recital de clichés de esta guisa nos adereza el coreano la hora y media restantes donde el aburrimiento se hará el protagonista de un metraje estirado, lánguido, inconexo y caótico.
Sexo, drogas, violencia, gore, disparos, armas, reptiles venenosos, actaciones penosas, trama requetevista, mal CGI, infracciones a la física elemental, en definitiva, todo lo que necesita una película mala mala de verdad para terminar diviertiéndote
Realmente es un bodrio de película, como la mayoría de la época del destape, pero no deja de ser un referente y un retrato de la España del momento. Además de un gran cariño, guarda un sitio de honor en mi colección de películas.
No es más que el Cuento de Navidad de Dickens, donde se cambia la moral de un hombre descubriéndole su pasado, su presente y su futuro, sólo que esta vez, en vez de fantasmas, espíritus o espectros, tenemos un mando a distancia.
Se presenta como un alegato contra las drogas originalmente escrito por Phillip K. Dick. Aburrida y bastante innecesaria.
Rollos incomprensibles de honor, de amorios imposibles y de códigos de asesinos. Hay muertos y acción, pero muy suave y aderezada de charlas que matan de aburrimiento.
Las serpientes inundan el avión en cantidad desmesurada, carnavalesca, que a veces casi te hace sonreír por el tamaño del disparate…
Ejemplo de cómo una buena dirección puede camuflar muchos defectos, pero no salvar un proyecto cuando cosas tan importantes como la calidad interpretativa o el guión, juegan en contra.
Es un filme episódico pues resume más de cuarenta años de vida en menos de dos horas de metraje, dulcifica al personaje, se apiada de él, de manera que parece que nunca hicera nada malo.