Speed Racer
La película cumple con el rol de entretener durante todo su metraje, lo cual no es poco en estos tiempos que corren. Recomendada para no tan chicos (por poseer ciertas complejidades en el guión) y para nostálgicos del animé original.
La película cumple con el rol de entretener durante todo su metraje, lo cual no es poco en estos tiempos que corren. Recomendada para no tan chicos (por poseer ciertas complejidades en el guión) y para nostálgicos del animé original.
Una divertida parodia que se ríe de la industria del cine, con muy buenos momentos de acción, humor, y un reparto de excepción que redondea una muy buena y original propuesta.
Un producto muy en la onda de los films de terror que, tímidamente, se van abriendo paso, alejados del terror teen, ubicado más bien en ese cine de corte supervivencialista y apocalíptico tan de moda en nuestros días.
Las gigantescas sombras de Ultraman, Godzilla y Mazinger Z, sobrevuelan esta original vuelta de tuerca al manido tema de los Kaiju eiga, que en clave de comedia nos cuenta el día a día de un superhéroe nipón a la antigua usanza.
Personajes de los que nada o poco se sabe, ni sabemos donde trabajan, ni el transcurrir de sus vidas, creando una irrealidad sobre ellos que ayuda a mantener una intriga al espectador.
Feel-good comedy bastante monótona y aburrida si no fuera por la joven Saoirse Ronan y alguna que otra referencia mordaz a la jet set actual.
Buena cinta de terror que nos hace pasar un “”mal rato””, que de echo es de lo que se trata, entreteniéndonos con la historia y manteniéndonos aferrados cada vez con más fuerza al posabrazos de la butaca.
Tras una injustificada espera, al fin el público ha podido juzgar a Nacho Vigalondo por su obra y no por su incuestionable carisma. Y tengo que reconocer que Vigalondo, aunque no consiga deslumbrarnos, cumple las expectativas.
Una película cuyos protagonistas están estupendos, elegidos con buen gusto, en un guión escrito con cariño y con un discurso muy interesante acerca de lo que leemos y quien lo escribe.
Amena cinta de corte antropológico, que fue una de las que cimentó en el cine el mito del buen salvaje. Buena interpretación del dúo protagonista y un final inolvidable, de gran carga poética y romántica.
No es una gran película, pues es cine netamente comercial, pero está bien hecha y medianamente bien narrada, aunque pierda el rumbo a mitad de metraje. Cine de consumo para todos, que se queda a años luz de lo que inicialmente debería haber sido.
No alcanza el lirismo ni la fuerza psicológica de aquélla, siendo mucho más física y violenta, al estilo del cine que se hace hoy en día, con más impacto visual y menos intento de forzar la mente del espectador, que suele estar para otras cosas.
Dignísimo estreno de baja categoría.
“La buena vida” de Andrés Wood que anteriormente dirigió “”Machuca”” cuenta pequeñas historias de personas que viven en las grandes urbes y a las cuales es casi imposible no sentirles empatía.
Una buena película que entretendrá a los niños y se hará soportable para los padres.
Tiene elementos que la hacen verdaderamente curiosa y hasta fascinante en algunos momentos, pero un ritmo lento y una tardanza en entrar en materia, hacen que no se llegue a disfrutar como se debería.
Como remake de la serie no está nada mal, pero no sé yo si esto aguantaría una secuela (o trilogía), permitidme que lo dude.
Es de agradecer los momentos humorísticos del film, con un Camilo Cienfuegos divertido en la desternillante escena (sencilla y muy gratificante) del “”veinticulos””. Un buen rato estuve riéndome con ella.
Del Toro nunca deja de descuidar la credibilidad de su danza de criaturas y da por sentada la digestión automática de su visión, en una suerte de vale todo que oscila entre la ingenuidad y el capricho, que se antoja un pelín autocomplaciente al no as
Zohan: Licencia para peinar, es una de las máximas expresiones de cine arriesgado y demoledor, cargada de humor idiota, grosero, ofensivo y punzante.