Adiós pequeña, adiós
Una gran apuesta, un muy buen drama, y un más que sorprendente y auspicioso debut en la dirección de Ben Affleck.
Una gran apuesta, un muy buen drama, y un más que sorprendente y auspicioso debut en la dirección de Ben Affleck.
Una película muy entretenida que logra mantener la esencia del personaje, con una buena dosis de acción, buenas actuaciones, y espectaculares efectos especiales. Un renovado inicio para un personaje que lo estaba necesitando.
Martin McDonagh entremezcla con notable habilidad comedia negra, drama y thriller para ofecernos a unos personajes carismáticos, una ciudad omnipresente y unos diálogos en ocasiones brillantes.
La camarera pertenece a ese tipo de películas que parece que uno ha visto miles de veces, y sin embargo, y mientras esté narrada con dulzura, buenas actuaciones y cierta cuota de originalidad, siempre deseará volver a verlas.
La trama se escapa de lo previsible, se vuelca a una resolución completamente absurda e hilarante, y se llega a entender el por qué de tanto montaje vertiginoso y poco ajustado al clima tradicional de comedia.
El discurso ideológico cobra protagonismo a medida que se evidencia el sólido guión armado para la ocasión.
El terror se construye lentamente, a base de climas bien logrados y estupendas actuaciones.
Absurda hasta el extremo, arrojando toda verosimilitud por la ventana, Pelotas en juego rockea, y rockea duro.
Un sólido guión carente de estridencias, y una correcta dirección que permite el brillo del elenco y la consecuente cuota de suspenso, sin efectismo alguno.
Una película que desborda por la enorme cantidad de ideas narrativas y riesgos estéticos que asume.
No llega al nivel de otras obras de Loach como Tierra y libertad o Pan y rosas, pero es otro valioso documento político.
Talk to me posee algo incluso más interesante que su costado político, y es la construcción, desde el guión y hasta el vestuario, del personaje de Dewey Hughes, un personaje con muchas más aristas que el de Petey Greene.
Una asombrosa reflexión sobre el papel de la mafia y la droga (y la corrupta policía) en un país devastado por las trágicas secuelas de una guerra sin sentido, y una política aún más temible que la propia guerra.
El desarrollo del relato potencia el horror y la crueldad propios del caso, apelando a los recursos más genuinos, una puesta metódica, sencilla y directa, e interpretaciones memorables, elementos que la hacen merecedora de todos los elogios.
Anahí Berneri, en su segundo largometraje, sorprende con una historia chiquita, cargada de ternura y calidez, centrando sus méritos en la acertadísima elección de Silvia Pérez para el papel protagónico.
Sokurov vuelve con otro film sobre relaciones familiares, un drama convencional, ajeno a sus propuestas estéticas más radicales.
Es todo lo que una película de superhéroes puede ser, precisamente porque ajusta las tuercas de todos los elementos constitutivos de ese subgénero, volviéndolas parodias de un mundo de por sí desbordado e hiperrealista.
No es poco que una película donde además se establece un paralelismo entre el protagonista y el recorrido político-ideológico de su país, se atreva a mostrar que la idea de familia no es tan sencilla como lo es para un niño.
Lo mejor y más simple que puede dar el cine cuando pone en escena a dos buenos actores interpretando un más que provechoso guión.
Un conmovedor drama que avanza sin estridencias, sin regodearse en las aristas más duras y complejas de su relato.