Pozos de ambición
Primer gran “intento” de P.T. Anderson. Y esta palabra consigue sintetizar todo: Riesgos, inquietudes, aciertos y errores. Todo ello en grandes cantidades, tantas como su extensa duración se lo permite.
Primer gran “intento” de P.T. Anderson. Y esta palabra consigue sintetizar todo: Riesgos, inquietudes, aciertos y errores. Todo ello en grandes cantidades, tantas como su extensa duración se lo permite.
Un guión que acierta dosificando la información a lo largo del metraje, una vibrante y muy correcta dirección y un mejor montaje, son los instrumentos principales de esta película.
El resultado final traduce la mirada certera y piadosa de un gran autor en las postrimerías de su carrera, sobre la tortuosa soledad del ser humano.
Lo importante siempre es lo que subyace en su cine, esa delgada línea que separa y une la comedia del drama, la alegría de la tristeza, y que el excéntrico Anderson, como pocos, sabe manejar con suma inteligencia y un equilibrio poco común.
Si La caída no mostraba la otra cara del horror nazi, los campos de concentración, Los falsificadores centra sus ojos allí, para plasmar un discurso que no intenta eludir un elemento tan significativo como el concepto de ""culpa colectiva""
Una película inteligente, con algunos visos de comedia, y algunas fallas propias de un guión que sabe arriesgarse.
No llega al nivel de otras obras de Loach como Tierra y libertad o Pan y rosas, pero es otro valioso documento político.
Talk to me posee algo incluso más interesante que su costado político, y es la construcción, desde el guión y hasta el vestuario, del personaje de Dewey Hughes, un personaje con muchas más aristas que el de Petey Greene.
Una película que, sin renegar de su anclaje cómico, articula la historia entre elementos dramáticos y románticos, merced al estupendo acierto de la pareja protagónica.
Japón se muestra como una obra seca, extraña, menos emotiva y más descriptiva que su última película, Luz silenciosa.
Apasionado acercamiento de Temple a la mística de un personaje muchas veces inaprensible.
Kolirin prefiere quedarse en la sencilla, pero no por ello menos interesante, y mucho más tierna, anécdota que da pie a la película.
No deja de mostrar las costuras que otras producciones similares poseen y saben ocultar mejor, entroncada en una estructura narrativa equivalente al grueso de estas películas.
Craig Gillespie deja de lado los gags para aprovechar la intensidad dramática de una historia que fácilmente podría haberse inclinado hacia el patetismo y el ridículo
No es poco que una película donde además se establece un paralelismo entre el protagonista y el recorrido político-ideológico de su país, se atreva a mostrar que la idea de familia no es tan sencilla como lo es para un niño.
Es todo lo que una película de superhéroes puede ser, precisamente porque ajusta las tuercas de todos los elementos constitutivos de ese subgénero, volviéndolas parodias de un mundo de por sí desbordado e hiperrealista.
Anahí Berneri, en su segundo largometraje, sorprende con una historia chiquita, cargada de ternura y calidez, centrando sus méritos en la acertadísima elección de Silvia Pérez para el papel protagónico.
El desarrollo del relato potencia el horror y la crueldad propios del caso, apelando a los recursos más genuinos, una puesta metódica, sencilla y directa, e interpretaciones memorables, elementos que la hacen merecedora de todos los elogios.
Es, junto con “”Las ruinas”” (2008), la única película de terror 100% genuina que hemos podido disfrutar en una sala de cine comercial en lo que llevamos del 2008.
Además de una narración pausada y tremendamente efectiva, el mayor activo del film son las monumentales interpretaciones no ya de Nicole Kidman y Jennifer Jason Leigh sino de todo el reparto, incluyendo al histriónico Jack Black.