Extraño intento de fabular sobre el poder de las casualidades, el influjo del destino y otras divagaciones. Un relato más discursivo que emocionante, con un buen reparto de carás jóvenes.
La versión de Mikhalkov posee elementos muy interesantes, pero carece de la fuerza narrativa de sus anteriores versiones, que radicaba en su brevedad y su preferencia por el espacio del jurado.
Un drama “regional” con sus curiosas y naturales cuotas de comedia, y actuaciones memorables.
Una propuesta interesante, ambiciosa, arriesgada, y con algunos elementos fallidos, que perjudican la puesta general.
Si le gustaron las anteriores, vaya a verla. Si no las vio, no se moleste con esta tampoco.
Suerte de La ventana indiscreta para teenagers. Disturbia logra ser un efectivo producto de entretenimiento, correctamente realizado, y poco más.
No hay cine alguno, sino algún que otro capricho de montaje, y muchos momentos “gore”.
Zhang-ke habla de política bajo la voz narradora de dos personajes ajenos a todo debate político, protagonistas de intensos dramas personales y familiares.
Un desatino en todos los sentidos sólo amparado por un brillante trailer.
Una película que se embarca en el siempre pantanoso terreno de los viajes temproales sin caer en sinsentidos y con una narración ágil, que mantiene al espectador en tensión cuando debe hacerlo. Me atrevería a decir que gana con un 2º visionado.
En un homenaje de esas dos maravillas mezcla de survival y psicología humana que son Deliverance y Perros de paja, Storm Warning es un producto menor aunque terriblemente entretenido cuyo desparpajo y fusión de géneros consigue que uno le tome cierto
Haneke calca a Haneke. Brutal, desazonadora, lúcida disección del acto violento, función macabra que se ríe de nuestros miedos burgueses y nos los sirve con atmósfera asfixiante pero adictiva. Obra superior del cine moderno, pura inteligencia.
Estamos ante una cinta de acción, que pretende entretener y claro que lo consigue, y que al terminar uno diga “”Guaooo que bien me lo he pasado”” sin embargo deja frío al espectador.
Ha tardado la novela de Lapierre y Collins en llegar al cine. Y lo hace con un producto de tufo televisivo, esquemático, rutinario, más valioso por escarbar en un conflicto grotesco que por sus aciertos dramáticos.
Una comedia carente de momentos graciosos, completamente insulsa.
Cassandra’s Dreams me resulta una buena película Woody Allen. Y todavía se da el lujo de que sigamos unos minutos más luego de la proyección pensando en el dilema moral planteado.
De nuevo el mundo empresarial como espejo de miserias y radiografía de un microcosmos que incita a medrar a toda costa. Ana Fernández al frente de un buen reparto en un relato demasiado teatral e insípido.
Soberbia revisión de Lumet.
Primera obra dentro del largometraje que apunta trazas de autor a contracorriente aunque pierda interés en un final que se desinfla.
Como buen cine político, dice mucho sin ufanarse de ello, lo que no es poco.