El descubrimiento de un personaje inolvidable.
Un western recio que une la épica con la leyenda, mostrando hechos verdaderos con otros inventados para magnificar una convulsa época histórica que dió lugar a un cambio importante en la Historia de Los Estados Unidos.
Insulso batiburrillo de moralina para consumo teenager con secuencias de acción bastante poco impresionantes, humor absurdo e inocuos excesos.
No se puede meter el bisturí de la razón a tanta emoción junta. Han sido muchos años esperando otra entrega como para ser ahora un niño malo y ponerla a parir. No la pongo. Que lo hagan otros. Yo soy un fan. Me debo a mis vicios.
La película de Nanni Moretti puede encuadrarse entre aquellas que reflejaron el desencanto de toda una generación, cuando el fracaso de las ideas progresistas -y utópicas-, nacidas en Mayo del 68, ya había sido digerido.
Harrison Ford es indudablemente el mismo de siempre, transmite al personaje ese espíritu que hace que parezca que los años no han pasado por el.
Tiene un guión que parece hecho en una tarde de domingo y que se dedica a recoger tópicos de la saga sin detenerse a dar más profundidad ni a trabajar más la historia.
Una composición sobre dos personajes perdidos, donde se nos adentra en sus secretos haciéndonos testigos de las miserias humanas. Lleva hasta el límite el concepto de la venganza en una mirada ciertamente ennegrecida de la familia.
Le cuesta hallar su propia identidad en sus primeros compases y que contiene ciertos pasajes puntualmente irregulares, pero finalmente termina ofreciéndonos ese torrente de sensaciones y sentimientos tan propios de su director.
Notable película, repleta de pasajes y matices, que te atrapa sin piedad alguna en un torbellino de emociones a través de unos personajes tan miserables como arrebatadores.
No se sabe a qué carta quedarse con el discurso final. Un discurso claramente humanista, donde se defiende al ser humano en aquellas negativas e incluso vergonzosas decisiones tomadas en situaciones faltas de libertad, honor y respeto al ser humano.
Fallida mezcolanza entre comedia costumbrista y relato romántico con aroma gallego-argentino que intenta dotar de halo poético a una historia algo endeble, firmada por el responsable de “”El hijo de la novia””.
La brillantez del guión escasea, alcanzando un tono autoparódico propio de todo producto que se ahoga en su propia complacencia.
Una lección magistral de cómo se hacen las películas mezclando todos los mejores ingredientes para ofrecer la quintaesencia de lo que debe ser el cine.
Sigue entusiasmando, se nota que han pretendido conservar ese espíritu Jones de las antiguas películas pero que han tenido que adaptar todas las escenas para un Harrison Ford que aunque se conserve bien, lo cierto es que ya no tiene esa energía.
En efecto, viendo este film no se aprende nada nuevo sobre el célebre duelo en O.K. Corrall, pero tampoco sales del cine exigiendo el dinero a la taquillera (bueno, en su día bastanes críticos al menos lo pensaron).
Cine tailandes de segunda con unos actores de tercera. La cosa promete más de lo que da. Parece que vale todo en esto del terror asiático, pero hay que empezar a ser un poquito más exigentes.
Entre sus pros y sus contras, la aventura esta servida, sin el poder fascinador de sus precedentes, la distancia entre las pretensiones y el resultado final es igual a cero. Un amable retorno a la inocencia de otros tiempos, pero sin la intensidad ne
Con una mezcla de ficción y realidad Steven Shainberg crea una metáfora sobre el viaje interior que realiza Diane Arbus hasta convertirse en artista de vanguardia.
Tal vez no esté a la altura de las anteriores partes, pero es un espectáculo majestuoso en todos sus planos.