Como todo subproducto, lo importante son las muertes que aquí están resueltas de forma mediocre, los personajes mal dibujados, con algunas que otras sorpresas en la parte final.
Speed Racer es entretenida y logra crear un universo visual como nunca habíamos visto hasta ahora, pero su abusivo uso del CGI deja al descubierto muchas carencias.
Soberbia radiografía del mundo empresarial llena de humor ácido y excelentes diálogos. Sólido plantel de actores con un Juan Diego superlativo, eje de esta parábola sobre el comportamiento humano hecha desde el sentido crítico y la lucidez.
Si Algo Pasa en las Vegas es la demostración de la forma en la que se encuentra la vieja guardia de las comedias románticas y gamberras de Hollywood frente a las nuevas generaciones, el resultado no podría ser más patético.
El mensaje es caducado, su costumbrismo rancio, un equivocado canto a la libertad de la homosexualidad que se hace valer con chistes realmente poco aprovechables, que incluso pueden resultar ofensivos para la comunidad gay.
Iron Man es una película que está pensada más para la taquilla y para entretener que para ser recordada como una gran película, pero lo hace con una solvencia que ya quisieran muchas otras.
Técnicamente perfecta, aunque no tiene el intimismo de obras anteriores. Elegy y la Coixet se estrellan en adornos filosóficos pseudointelectuales, mientras las emociones permanecen vacías.
Para los que quieran ver el largometraje de “”Como conocí a vuestra madre””.
Una paja mental de proporciones mayúsculas que oscila entre el dogmatismo profético y la hilaridad, pero que resulta simplemente arrebatadora si uno decide aceptar su juego.
La película no es un desastre y entretiene mínimamente pero uno tiene que pedirles mucho más a los creadores de una saga tan pretenciosa como “Matrix”.
La puesta en escena es extraordinaria, con una utilización técnica de la fotografía y la preciosa música a cargo de Kiril Dzajkovski.Sin embargo algo no encaja del todo y son las numerosas escenas oníricas, aunque quedan muy bonitas en imagen.
El tandem Corbacho&Cruz no llega a funcionar en su máximo esplendor como lo hizo en Tapas y se diluye en forma de una obra menor a la que nos esperábamos. Pese a una buena premisa inicial, Cobardes se diluye en un mar de tópicos nada relevantes.
Un filme entretenido que te hace pasar un buen rato, aunque se olvida al momento. Consumo fácil de usar y tirar.
El argumento está ya muy visto y los diálogos también, pero hay que reconocer que Witney, recordado director de “”El amo del mundo””, película de aventuras basada en la inmortal obra de Julio Verne, sabe mover sus más bien escasas fichas con soltura.
My Boy Jack es lo que parece: una producción de parrilla televisiva basada en hechos reales y con un mínimo interés cinematográfico protagonizado por el “hombrecito” Radcliffe y que hace las delicias de las adolescentes británicas.
Con un inicio eminentemente tarantiniano tanto en su formato como en su banda sonora, Sultanes deambula entre chanchullos, traiciones y vendettas por momentos incongruentes, en una película que en ningún momento logra forjar una personalidad propia.
La leyenda de la ciudad sin nombre es un film fallido, con un divertido personaje para Lee Marvin y un cambio de registro notable para Eastwood.
Cálido y honesto canto hacia la solidaridad y el encuentro entre los pueblos, una película pequeña hecha desde el corazón, con irrechazable aliento poético y un equilibrio narrativo que oscila entre el humor y la melancolía.
Con Speed Racer, los hermanos Wachowsky se superan al ofrecer al espectador un nuevo delirio visual, una orgía de adrenalina y psicodelia tan vacía como cargante.
Casual Day es una mirada crítica al mundo laboral y las relaciones y tensiones que éste genera, pero lo hace cargada de unas generosas dosis de ironía y mala leche que provocarán sonoras carcajadas entre el público.