Buena mano para exponer con sencillez y ternura, una dura y muy triste historia de odios y rencores. Pero siempre tamizado por un candoroso humor, dada la profunda humanidad de sus personajes. Bien planificada y con un medido guión.
Una película comercial que entretiene, con interesantes momentos de suspense, que va decayendo poco a poco durante su desarrollo, hasta llegar a una larga escena final de la que es mejor olvidarse.
Tenso y respetable homenaje a un género medular en la historia del cine, con sabia imbricación del drama familiar y los patrones del thriller más vibrante, escenas poderosas y un Joaquín Phoenix al que no hace falta mucho para erigirse en leyenda.
Pueril, con un humor predecible y en ocasiones un poco tedioso y con el único soplo de aire fresco de manos del siempre solvente Donald Sutherland Como Locos … a por el Oro es una comedia de consumo rápido carne de cine de verano .
Está llamada a convertirse en un verdadero título de culto (…) Una alegoría sobre la libertad de expresión de una belleza plástica inconstetable, inspirada tanto en el Gran Hermano orweliano ocmo en el cine de Méliès y los expresionistas alemanes.
Una sucesión de clichés resueltos con planos elegantes pero con falta de imaginación, en un filme que se ve con aburrimiento y que prácticamente no aporta nada a pesar de su acabado formal.
Esta película invita, de forma muy divertida, irónica y taquicárdica, a quitarnos los prejuicios de encima y soltarnos la melena.
Las adaptaciones de Marvel siempre son una apuesta segura para la gran pantalla. En el caso de Ironman, estamos ante uno de los films más esperados de este año y ante una auténtica joya del mundo del cómic.
Más allá de ser la típica película sobre la búsqueda del amor y de uno mismo, es una historia sobre el camino en sí.Una película que ha pasado desapercibida pero que te deja con buen sabor de boca.
La historia se presenta mediante una gran prolepsis, pone intriga y da para diversas interpretaciones; cada espectador verá qué es lo real y qué es lo onírico; eso está bien. Pero la trama deja que desear y termina siendo una película desencajada.
Es una de esas películas que se pueden disfrutar en el salón de casa una vez en la vida y olvidar tranquilamente sin ningún remordimiento.
Los efectos especiales son impresionantes, la narración de la película es brutal, el montaje frenético y aunque la historia es simple y muy previsible, la película te entretiene a más no poder. Y si el cine es entrenimiento, esta peli es puro cine.
Reconozco sus indudables méritos, sobre todo en la composición formal, sentido de lo onírico (el episodio de Fellini), la preciosa fotografía y banda sonora, nada menos que de Nino Rota, y el inherente costumbrismo…pero es larguísima y cansa.
Sin abusar de la casqueria ni de escenas de alto contenido gore, si que la atmósfera es enfermiza en todo momento, el ritmo adecuadamente angustioso, con la característica fotografía sucia de la época.
En realidad, cuando acaba la película, uno se queda la sensación de que no le han contado gran cosa, tan sólo ideas sueltas, deshilachadas, algunas buenas y otras peores pero sin una trama central a la que apegarse.
Terriblemente entretenida tanto en su inicio como en su segunda mitad, tan fascinante e innovadora como controvertida y retro, pero que adolece quizá de un metraje excesivo y obviable, defecto que suele ser habitual en los hermanos Wachowski.
Con ciertos paralelismos a Deja Vue de Tony Scott se nos presenta una puesta en escena televisiva de buena factura técnica aunque careciendo del más mínimo criterio en el guión.
Constituye uno de los primeros títulos del género del spaguetti western con los que oficialmene se institucionaría el simpático género cinematográfico. Antes ya había habido otros títulos, pero este, junto a algún otro, cimentó su popularidad.
Nuevas trampas, nuevas víctimas cuya voluntad para vivir será puesta a prueba y el desenlace de una de las mejores historias de terror psicológico que se han llevado a la gran pantalla.
Un clásico del cine moderno que hay que ver (sin prejuicios) de vez en cuando, disfrutando de la bella de Roberts, del paisaje londinense y de su banda sonora.